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Albergue San Vicente de Paul A.C. “Descansar, comer y unos tenis para seguir su camino”



120 mil centroamericanos cruzan cada año por México, según cifras del Instituto Nacional de Migración (INM). A pesar de las nuevas medidas de control migratorio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el paso de migrantes por el Estado no ha disminuido, señaló Elisa Blas Alvarado, mejor conocida como “Doña Licha”, voluntaria desde hace 30 años en el Albergue San Vicente de Paul A.C., ubicado en La Venta del Astillero, Jalisco.

“Pensamos que iba a bajar y en realidad siguen llegando igual; llegan pero también vienen de regreso, porque no han podido entrar (a Estados Unidos). La semana pasada llegó un migrante que dijo que los habían secuestrado como a unos ocho y que él oía cuando los golpeaban”, gracias a Dios, él fue liberado. La entrevistada aseguró que a los migrantes “los agarran para quitarles lo poquito que traen.

“No ha bajado el flujo de migrantes; bajo un poquito en Navidad, pero siguen pasando bastantes y en malas condiciones. Muchas veces llegan enfermos de gripa o del estómago; con sus zapatos rotos y sucios, mal olientes de tanto sudor, con sus labios secos; llegan en un estado muy deprimente”, dijo doña Licha.

Actualmente diez voluntarias atienden el Albergue San Vicente, que el próximo mes de julio cumplirá tres décadas de haber sido fundado por los Padres Misioneros Vicentinos. Cada semana reciben entre 50 y 60 personas que pasan a descansar, comer y recuperarse para continuar su camino. “Les ofrecemos en primer lugar que se bañen, les damos ropa limpia para que se cambien, una cena y su cobija; si traen necesidad de algún medicamento, también se los ofrecemos”. Los migrantes se pueden quedar máximo dos o tres días, pero si están enfermos o buscaron un trabajo para conseguir dinero, son bien recibidos por el tiempo necesario.

Los migrantes se pasan la voz y algunos llegan directo al Albergue, otros son enviados por personas de la comunidad que conocen la labor de las Vicentinas. La Fiesta de su Patrono la celebran cada 27 de septiembre; la Familia Vicentina tiene presencia en 47 países, atendiendo a migrantes, niños huérfanos, personas en situación de calle, reclusos y más; labor altruista que realizan personas de buena voluntad.

La ruta del sueño 

Muchas son las historias, de boca de los propios protagonistas, que ha escuchado doña Licha. De acuerdo a sus registros la mayoría de migrantes provienen de Centroamérica: Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala; además, se ha visto un incremento de personas que quieren ir al país del Norte, originarios de Chiapas y Veracruz.

¿Por qué pasan por La Venta del Astillero? “Ellos se vienen en el tren desde México, Chiapas, y llega el tren hasta Guadalajara, ahí se tienen que bajar porque llega a la estación. De ahí, ellos se vienen caminando, por la vía o por la carretera y llegan a La Venta. Se descansan y ellos están informados que solo pueden agarrar el tren hasta Magdalena o La Quemada; lugar donde el tren se detiene un poco o camina más lento. En La Venta muchos tratan de subirse, pero el tren pasa muy rápido y es peligroso, igual que en Guadalajara”, comentó la entrevistada.

Entre los accidentes de tren, doña Licha recuerda a un joven de El Salvador que en la capital de Jalisco quiso agarrar el tren, se cayó y le cortó una pierna; un lamentable hecho que le fue compartido por uno de los migrantes que llegó al albergue y era amigo del joven.

La pobreza, falta de oportunidades e inseguridad son las principales razones por las cuales las personas dejan su patria, familia y cultura. “Hay migrantes que han tenido buenos trabajos, pero resulta que hay una mafia de personas que les quitan su dinero y si nos les dan, los amenazan. El año pasado, por estas fechas, pasó una familia; ella trabajaba en una joyería, y tenía un hijo que trabajaba en una fábrica, cuando él ya no quiso darles dinero lo mataron. Entonces, a ella la amenazaron y decidió irse. Estuvo aquí como un mes. Después, nos habló de Estados Unidos y comentó que ella llegó directamente a migración, les dijo su problema y la apoyaron con un permiso para trabajar y beca para sus dos hijos”, relató la señora Elisa Blas.

Además de la problemática en su país de origen, los migrantes al cruzar México viven un calvario. “Ellos dicen que cuando llegan a México, los mismos policías les quitan su dinero. Y si traen tenis ‘buenos’, también se los quitan en el camino. En todo el trayecto hay peligro. A parte, a veces llegan enfermos de tifoidea, porque toman agua de donde sea; otros llegan lastimados porque los golpean. En realidad ellos huyen de tanto problema, no solo económico sino social”.

¿Cuál es tu necesidad?

“En el albergue lo que más se necesita son tenis, ropa interior, chamarras y suéteres. La comida de alguna manera, el DIF nos ha estado apoyando con despensas y leche; hemos conseguido cobijas, gracias a Dios, porque se les tiene que dar su cobija cuando se van, te la piden, porque es su necesidad. Nuestra necesidad más grande son tenis, porque de repente les das unos zapatos y esos no les sirven para caminar. Siempre les digo a los conocidos que si tienen unos tenis que ya no usan, dales una lavadita y dámelos. No les vamos a dar algo que no sirve o sucio, ellos tienen su dignidad. A veces les damos cosas que no necesita; entonces, debemos preguntarles, ¿cuál es tu necesidad?

“Tenemos unas experiencias muy bonitas con los migrantes, porque la mayoría de los son muy dignos de respeto. Ellos te piden trabajo, no te piden dinero; te piden un taco, uno tenis… Para el migrante, su más grande necesidad es descansar, comer y unos tenis para seguir su camino.

“De las experiencias, algunas son muy satisfactorias, porque Dios Nuestro Señor te da la oportunidad de servirle a Él mismo. En San Vicente de Paul, la formación que nosotras hemos tenido, de parte de los Misioneros Vicentinos, es que al servir a un migrante, servir a un pobre, es ver a Jesucristo en ellos; si nosotros no vemos a Jesucristo en ellos, jamás vamos a servirles con el amor que se merecen que se les sirva”, concluyó doña Licha.

Actualmente, el albergue está conformado por dos cuartos grandes, una oficina, cocina, espacio para el aseo personal y una terraza techada. Entre los proyectos está la construcción de una cocina con desayunador “vamos a empezar a buscar fondos”. Los ingresos para el sostenimiento de la casa son mínimos, solo lo que ellas producen y venden. “Económicamente no recibimos mucho apoyo, solo lo que nosotras conseguimos trabajando, haciendo tamales (más de 800 a la semana, rifas, tenemos un bazar de ropa que la misma comunidad nos regala y se vende para recaudar fondos, aunque sea para la luz”, dijo la entrevistada. Además, del apoyo de algunos bienhechores y en los últimos años, se ha contado con la ayuda del DIF y el Ayuntamiento de Zapopan.

Albergue San Vicente de Paul A.C.

Dirección: Calle Agustín Yáñez #122, La Venta del Astillero, Jal. (A cuadra y media del último puente, viniendo de Guadalajara).
Informes: Elisa Blas 3151 0308
Jor­na­da Mun­dial del Mi­gran­te y del Re­fu­gia­do para su­perar mie­dos, co­no­cer­se y res­pe­tar­se

El domingo 14 de enero, el Papa Francisco presidió por primera vez una Misa por la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado, con el lema,  “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados“. En la 104 Jor­na­da Mun­dial, el Pontífice des­ta­có que el Se­ñor nos in­vi­ta al en­cuen­tro, al res­pe­to mu­tuo y a re­zar los unos por los otros: “la in­vi­ta­ción es para to­dos – para el que re­ci­be y el que lle­ga – y es opor­tu­ni­dad para el en­cuen­tro per­so­nal con Je­su­cris­to.

“Migrantes y refugiados rezan por las comunidades locales, y las comunidades locales rezan por los que acaban de llegar y por los migrantes que llevan más tiempo residiendo en el país”. Este era el sentido de la Misa celebrada por el Papa en la Basílica de San Pedro, acompañado de buen número de migrantes y solicitantes de asilo, en una ceremonia llena de colorido y cantos multiculturales, en la que se escucharon diferentes idiomas. Estreno de formato para una jornada mundial que, según anunció el Papa Francisco durante el rezo del Ángelus, se trasladará al segundo domingo de septiembre. En 2019, será el 8 de septiembre.

Es en el otro, advirtió el Obispo de Roma, en quien Jesús nos invita a encontrarlo. “No es fácil entrar en la cultura que nos es ajena, ponernos en el lugar de personas tan diferentes a nosotros, comprender sus pensamientos y sus experiencias. Y así, a menudo, renunciamos al encuentro con el otro y levantamos barreras para defendernos”, reconoció el Pontífice.

Por un lado, “las comunidades locales, a veces, temen que los recién llegados perturben el orden establecido, ‘roben’ algo que se ha construido con tanto esfuerzo”. Pero también “los recién llegados tienen miedos: temen la confrontación, el juicio, la discriminación, el fracaso. Estos miedos son legítimos, están basados en dudas que son totalmente comprensibles desde un punto de vista humano. Tener dudas y temores no es un pecado. El pecado es dejar que estos miedos determinen nuestras respuestas, condicionen nuestras elecciones, comprometan el respeto y la generosidad, alimenten el odio y el rechazo. El pecado es renunciar al encuentro con el otro, al encuentro con aquel que es diferente, al encuentro con el prójimo, que en realidad es una oportunidad privilegiada de encontrarse con el Señor”.

En lo que respecta a las “comunidades locales”, el reto “significa abrirse a la riqueza de la diversidad sin ideas preconcebidas, comprender los potenciales y las esperanzas de los recién llegados, así como su vulnerabilidad y sus temores”.

Por ello el Papa concluyó su homilía encomendando a la Virgen no solo “las esperanzas de todos los migrantes y refugiados del mundo”, sino también “las aspiraciones de las comunidades que los acogen, para que, conforme con el supremo mandamiento divino de la caridad y el amor al prójimo, todos podamos aprender a amar al otro, al extranjero, como nos amamos a nosotros mismos”.

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