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La Encarnación y la Navidad con san Vicente



La Encarnación y la Navidad con san Vicente

23/12/2013Formación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS

Autor: Bernard Koch, C.M. · Año publicación original: 2011 · Fuente: Ecos de la Compañía.
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La Congregación de la Misión fue fundada el 17 de abril de 1625 » para honrar el misterio de la encarnación, de la vida y la muerte de Jesucristo «1, y la Bula que la instituye canónicamente, el 12 de enero de 1633, especifica que » Promoverán también el culto especial a la santísima Trinidad, al sagrado misterio de la encarnación y a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios «2. El Señor Vicente debía, en particular a Berulle, esta devoción central a la Santísima Trinidad y a la Encarnación, con la contemplación y el amor de Jesús en su vida terrestre y su pasión, tanto en su vida en el seno de la Trinidad como en su resurrección.

Tal vez es un aspecto de san Vicente poco conocido y que además, no es más que un elemento de la idea central de la Encarnación, lo que se podría llamar su devoción al año litúrgico y su amor a la liturgia en general. Para él, como buen discípulo de Bérulle, los acontecimientos de la vida de Jesús, sus sentimientos y sus acciones, tienen cada uno, una dimensión eterna puesto que es la Persona misma del Verbo de Dios, estos hechos se nos presentan a lo largo de la historia, y muy especialmente gracias a la institución de la Eucaristía, que nos los presenta realmente a lo largo de todo el año litúrgico. Es de la Eucaristía y no de nuestras acciones caritativas de lo que el Señor Vicente escribe: que » el amor es infinitamente inventivo,«, porque es «donde él se encuentra real y substancialmente como está en el cielo«3.

Sin embargo, en el ciclo litúrgico se nos propone la Santa Misa, como el Oficio, en relación sucesiva con los distintos hechos de salvación, en la vida de Jesús. Por consiguiente, habiendo continuado, como lo había vivido con Bérulle en los comienzos del Oratorio, con la práctica de tener una conferencia cada semana con sus cohermanos, el señor Vicente quiso, como él, utilizar las fiestas del ciclo litúrgico como tema de oración, de intercambio de oración o de conferencia, en el momento de estas fiestas, al menos cada dos años. Propuso también un método para meditarlos: considerar el fin del misterio conmemorado4, o también representarse «la historia» con todos los detalles5.

De la mayoría de sus conferencias anteriores a 1655 no se tomaron notas y muchos cuadernos de notas fueron destrozados durante el saqueo de San Lázaro, el 13 de julio de 1789. Tenemos que contentarnos con algunas copias que nos quedan y algunos fragmentos citados por Abelly. Tenemos al menos la lista, más o menos completa, de los temas en los últimos diez años, de 1650 a 1660. Esto nos permite adivinar el número de veces que antes ha hablado de ello.

Vemos tres veces una conferencia sobre el Adviento, en 1652, 1654 y 1658, y 4 sobre la Navidad, en 1650, 1651, 1654 y 1656. En 1657, las conferencias de diciembre son sobre las virtudes de 5 cohermanos muertos por la peste o en Madagascar. Desgraciadamente, no nos ha llegado ninguna de estas conferencias, bien porque no pudieron tomar apuntes, o porque desaparecieron durante el saqueo de San Lázaro el 13 de julio de 1789.

No obstante, intentemos, a partir de otros pasajes, hacernos una pequeña idea de la manera cómo el Señor Vicente vivía y meditaba la preparación de estas fiestas. Vivir la Navidad como la Santa Comunión, se apoyan en dos aspectos:

  • La necesaria preparación,
  • Y la alabanza admirativa.

Nuestros primeros textos se encuentran en sus borradores de sermones sobre la Comunión, hacia 1613/1616. Encontramos en ello un paralelo entre la preparación de la venida de Cristo al mundo y su venida a nosotros: nuestras comuniones son, aunque parezca imposible, una continuación de la Encarnación:

Preparación de la Encarnación

«[Dios]Previó, pues, que como era preciso que su Hijo tomara carne humana de una mujer, era conveniente que le tomase de una mujer digna de recibirle, una mujer que estuviera llena de gracia, vacía de pecado, enriquecida de piedad y alejada de todos los malos afectos. Presentó ya entonces ante su vista a todas las mujeres que habría en el mundo y no encontró a ninguna tan digna de esta gran obra como la purísima e inmaculada virgen María. Por eso se propuso desde toda la eternidad disponerle esta morada, adornarla de los más admirables y dignos bienes que puede recibir una criatura, a fin de que fuera un templo digno de la divinidad, un palacio digno de su Hijo.»

Preparación de su venida a nosotros:

«Si la previsión eterna puso ya entonces sus ojos para descubrir este receptáculo de su Hijo y, después de descubrirlo, lo adornó de todas las gracias que pueden embellecer a una criatura, como él mismo lo declaró por boca del ángel que le envió como embajador, ¡con cuánta mayor razón hemos de prever nosotros el día y la disposición requerida para recibirle! ¡Cómo hemos de adornar cuidadosamente nuestra alma de las virtudes requeridas por este tan alto misterio y que podemos adquirir por la devoción!« (SV X, 019 [16] pp.42-45

Este sermón sigue mostrando:

  • la acción del Espíritu Santo en la Encarnación
  • y la participación de todos los seres en la alegría del nacimiento del Hijo de Dios:

«El Espíritu santo no quiso que aquella acción tuviera lugar sin contribuir él mismo a ella y escogió la sangre más pura de la Virgen para la concepción de aquel cuerpo».

Los ángeles hicieron resonar los aires con sus cánticos y alabanzas, cuando vino a este mundo. San Juan le rindió homenaje, cuando estaba todavía en el seno de su madre. Los magos, que representan a la ciencia humana, contribuyeron también por su parte a su homenaje. Los pastores, símbolo de la sencillez, le mostraron también su reverencia.»

«¡Y qué diremos incluso de los animales irracionales! Tampoco ellos quisieron faltar a esta adoración».

Y lo que es más extraño todavía, hasta las cosas inanimadas, que carecen de inteligencia, hicieron un esfuerzo en la naturaleza para alcanzarla y poder contribuir de este modo a su fe y acatamiento.» (SV X, 019 [16]. pp. 42-45

¿Y nosotros?

«Si Dios Padre, Hijo y Espíritu santo, si los ángeles, los niños, los hombres ilustres en dignidad y egregios en sabiduría, si los sencillos, los animales irracionales y las cosas inanimadas contribuyeron unos a prever, otros a preparar, otros a realizar, cada uno en la medida de sus posibilidades, el nacimiento del Hijo de Dios, ¿con cuánta más razón deberá el hombre prever, esforzarse y disponerse a la recepción de este mismo creador?».

Insiste en el lugar especial de la alabanza admirativa

Durante una conferencia sobre el oficio divino el 26 de septiembre de 1659, san Vicente insiste en el espíritu de alabanza, tomando el ejemplo del anuncio de la Encarnación:

«Las alabanzas de Dios no son tan poca cosa como nos imaginamos. ¿Sabéis, hermanos míos, que el primer acto de la religión es la alabanza de Dios? Más aún: esto está incluso por encima del sacrificio. Dice el proverbio: prius est esse quam operari; es menester que una cosa exista antes de obrar, y que exista en el ser antes de persistir: prius est esse quam sustentari. Hay que reconocer la esencia y la existencia de Dios y tener algún conocimiento de sus perfecciones antes de ofrecerle un sacrificio, esto es natural porque ¿a quién ofrecéis vuestros presentes?, a los grandes, a los príncipes y a los reyes; a ésos es a quienes rendís vuestro homenaje.»

Tan cierto es esto que Dios observó este mismo orden en la encarnación. Cuando el ángel fue a saludar a la santísima Virgen, empezó por reconocer que estaba llena de las gracias del cielo: Ave, gratia plena: Señora, estás llena y colmada de los favores de Dios; Ave, gratia plena. Así lo reconoce y la alaba como llena de gracia. ¿Y qué hace luego? Aquel hermoso regalo de la segunda persona de la santísima Trinidad; el Espíritu Santo, reuniendo la sangre más pura de la santísima Virgen, formó con ella un cuerpo, luego creó Dios un alma para informar aquel cuerpo y a continuación el Verbo se unió a aquella alma y a aquel cuerpo por una unión admirable, y de esta forma el Espíritu Santo realizó el misterio inefable de la encarnación. La alabanza precedió al sacrificio» (SV XI-IV- 136.(26.09.59) pp.604-616

En una carta del 22 diciembre 1656, a Jean Martin, termina compartiéndole sus pensamientos sobre otro aspecto: el anonadamiento del Hijo de Dios, en términos muy berulianos. El Hijo de Dios, por quien todo ha sido hecho, que da la existencia a todo ser, como lo enseña el prólogo del Evangelio según San Juan, se convierte en criatura, es decir, que por El no existe y que sólo existe por la voluntad y el amor de Dios:

» Por aquí no tenemos más novedad que el misterio que se nos acerca y que nos hará ver al Salvador del mundo como anonadado bajo la forma de un niño. Espero que nos encontremos juntos a los pies de su cuna para pedirle que nos lleve tras él en su humillación. Con este deseo y en su amor soy, padre, su muy humilde servidor» (SV, VI, 2275 [2182] pp.143-144).

Bérulle hubiera escrito varias páginas para parafrasear esta meditación de Filipenses 2; Vicente se contenta con dos frases, pero muy densas y llenas de consecuencias. El viernes 2 de mayo de 1659, hablando sobre la mortificación y el desapego de nuestros padres, Vicente responde a una eventual objeción, que Jesús se quedó con sus padres y luego en relación con su madre, mostrando cómo, recíprocamente, san José y la Santísima Virgen estaban unidos y le sometían sus pensamientos y sus deseos:

Sí, pero sus padres tenían siempre su entendimiento y sus deseos sujetos a ese divino niño y sus acciones y afectos se conformaban con la divina voluntad gracias a la sabiduría adorable y a la providencia eterna del Padre, que lo había hecho el director y la guía de san José y de la Santísima Virgen.» (SV, XI-4 127.(02.05.59) pp. 51-5124).

El 15 de noviembre de 1656, en la repetición de oración, el señor Vicente expresó de manera más concreta este anonadamiento del Hijo de Dios para llegar a ser el Salvador. El hecho de que la misma idea le vuelva en una conferencia y luego en una carta, con seis semanas de diferencia, nos muestra de qué modo estaba impregnado por sus meditaciones, y las vivía.

«¿Y no vemos también cómo el Padre eterno, al enviar a su Hijo a la tierra para que fuera la luz del mundo, no quiso sin embargo que apareciera más que como un niño pequeño, como uno de esos pobrecillos que vienen a pedir limosna a esta puerta?

¡Padre eterno, tú enviaste a tu Hijo a iluminar y enseñar a todo el mundo, pero ahora lo vemos aparecer de esa manera! Pero esperad un poco y veréis los designios de Dios; como ha decidido que el mundo no se pierda, por eso, en su compasión, ese mismo Hijo dará su vida por ellos».

«Pero, padres y hermanos míos, si consideramos por otra parte la gracia que les ha concedido a los de la compañía de librarse de este naufragio, ¿verdad que estaréis de acuerdo en que Dios protege de una manera especial a esta pobre, pequeña y miserable compañía? Esto es, padres, lo que más debe animarla a que se entregue cada vez más a su divina Majestad de la mejor manera que le sea posible, para llevar a cabo su gran obra.» (SV, XI-3, 084 [160] pp.259-266)

¿Cuál es la manera más hermosa de expresar la misión de Jesús que la Iglesia y la Compañía han de que continuar?

Era el método de oración de nuestro Fundador: quería un mínimo de consideraciones para avivar el afecto y el celo, con miras a tomar resoluciones muy prácticas: aquí nos tienes, pues, «consagrados para continuar la misión de su Hijo,» cada uno según sus aptitudes y sus fuerzas6. Continuar su misión está también aplicada a los que son como niños. El 13 de febrero de 1646, hablando a las Hijas de la Caridad sobre el amor de su vocación y la asistencia de los pobres, enumera diversas categorías de pobres, en los que sirven a Jesús: » Id a ver a los pobres condenados a cadena perpetua, y en ellos encontraréis a Dios; servid a esos niños, y en ellos

encontraréis a Dios (SV, IX-1 024.(13.02.46) pp. 230-242)

El 18 de octubre de 1655, enseña a las Hijas de la Caridad la diferencia entre el fin de su Compañía y el de otras Compañías, Cartujos, Capuchinos, Carmelitas, Religiosas del Hôtel-Dieu, añadiendo que servir a los niños, es honrar la infancia de Jesús: «el fin al que debéis tender es honrar a Nuestro Señor Jesucristo, el siervo de los pobres, en los niños para honrar su infancia, etc.» (SV, IX-2, 071.(18.10.55) pp.746-758)

Finalmente retengamos esta otra fórmula poco conocida, pero muy precisa y exigente que repite más de una vez, por ejemplo el 17 de junio de 1657: «Es menester que nos pongamos totalmente al servicio de Dios y al servicio de la gente». (SV, XI-3 090 [167]. pp.280-282)

Podemos ver cómo el señor Vicente tiene una espiritualidad de unidad, de unión:

  • unión entre la vida interior personal, la vida litúrgica, en Iglesia y la vida «al servicio del público»;
  • unión entre contemplación y acción, porque las dos forman parte de la misión,
  • a ejemplo de la Santísima Trinidad.
  1. SV, X, 099 [59] pp 237-241
  2. SV, X, 135 [81] pp.303-320
  3. SV, XI-3, 021 [102] pp.63-67
  4. 27 mayo 1655, SV, XI-3, 106 y 18 octubre 1656, XI-3, 246
  5. sin fecha, SV, XI-4, 783
  6. SV, XI-4, 139.(07.11.59) pp.637-647.

 

 

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