El Papa Francisco y Vicente de Paúl hablan sobre la paz en sus respectivas épocas
por John Freund, CM | Ene 9, 2017 | El Papa,
Puede para algunos ser un signo fútil, especialmente a la luz de la creciente agitación durante 2016, pero el papa Francisco continúa una tradición de 50 años al ofrecer un mensaje de paz en el Día de Año Nuevo (puedes leer el mensaje sobrio y desafiante del papa Francisco de este año en esta entrada de .famvin).
La ocasión me llevó a pensar: [1] ¿Qué escribió Vicente a la luz de su experiencia en guerras? y [2] ¿Qué le pediría a sus seguidores hoy?
1. La experiencia de guerra de Vicente
Aparte de unos períodos de paz breves y de poca duración, el siglo en que Vicente vivió fue un siglo asolado por las guerras: el pueblo sufrió las consecuencias de las guerras de religión y los trastornos de las guerras civiles, a menudo complicadas por guerras extranjeras y continuas amenazas del mundo musulmán.
También debemos admitir que nuestro siglo no es mejor que el siglo XVII… de hecho, hemos superado los horrores que fueron ocasionados por la Guerra de los Treinta Años y la Fronda.
Vicente no era ni un ideólogo ni un teórico. Al hablar de la guerra y la paz, puso gran valor en los numerosos testimonios de testigos oculares. Se dejó tocar por los relatos. Lo oímos decir:
2. Lo que Vicente hizo ante su experiencia.
No sólo se sintó tocado. También actuó.
Uno de los ejemplos más significativos de la caridad de Vicente es la organización de los servicios de socorro que se extendieron a las víctimas de la guerra. Vemos en esa actividad las características sobresalientes de su genio y su santidad. Vicente sabía cómo hacer que las personas fueran conscientes y sensibles a estos acontecimientos… también sabía cómo apelar a la generosidad de la gente.
Vincent ofreció algo más que primeros auxilios. Trató de abordar las causas de la guerra. Durante el invierno de 1649 arriesgó su propia vida buscando la paz de manos de la reina Ana de Austria y nuevamente se arriesgó en 1652 cuando habló con el cardenal Mazarino y le recordó las lecciones que se podrían aprender de la historia francesa. No temiendo a nadie, Vicente se reveló como un incansable artesano de la paz.
3. Reflexión y Diálogo:
La violencia y la inseguridad forman parte de nuestra vida cotidiana.
Bienaventurados los pacificadores
Varias ONG e individuos buscan conocer y comprender las causas profundas del conflicto y así comprometerse a la transformación de nuestro mundo.
Como respuesta a los nuevos escenarios juveniles y como parte esencial del corazón misionero de la Congregación, nos sentimos llamados hoy a construir una Cultura Vocacional desde la riqueza del carisma vicentino.
La Pastoral Vocacional tiene que responder tanto al desafío de la falta de personal, como al problema de deserción y la inestabilidad, ante todo direccionando la vida y obra de la Congregación hacia la fidelidad creativa en el seguimiento a Jesucristo Evangelizador de los pobres.
¿Qué entendemos por Cultura Vocacional?
La Cultura Vocacional es la manera de entender la vida de la Iglesia y por lo tanto, también de la Congregación, a la luz del llamado a la Nueva Evangelización; la cual, progresivamente genera en los misioneros y en cada comunidad un conjunto de principios y convicciones (mentalidad) hasta el punto de que cada quien llega a interpretar su propia existencia con base en esos valores (sensibilidad) y se convierte en un estilo de vida que da identidad a
toda la Congregación (praxis).
La Congregación de la Misión tiene ante sí el desafío que brota de su misma misión, la Evangelización de los pobres, porque la pastoral vocacional es aprender el estilo de Jesús, que pasa por los lugares de la vida cotidiana, se detiene sin prisa y, mirando a los hermanos con misericordia, los conduce al encuentro con el Padre. (Papa Francisco, discurso del 21/10/16).
¿Cómo caminamos hacia una Cultura Vocacional?
La formación permanente es el primer eslabón de la Cultura Vocacional. Seremos capaces de vocacionalizar a la Congregación de la Misión en la medida que entendamos la Pastoral Vocacional como un apostolado que ciertamente le corresponde animar a unos cuantos designados para ese ministerio; pero a todos nos toca rogarle que envíe buenos obreros a su mies y vivir tan bien que con nuestros ejemplos les demos más aliciente que desgana para que trabaje con nosotros(VIII, 284-285).
Concretar itinerarios y proyectos vocacionales a la luz de cada realidad provincial, perfilar la idoneidad de los responsables del ministerio vocacional, acompañar a los jóvenes en su discernimiento y abrir nuevos espacios para confrontar el proyecto de vida, son algunas de los medios que nos pueden ayudar a encontrar una pedagogía vocacional asertiva.
En síntesis, los signos de los tiempos nos interpelan hoy a creer, formar e invertir todos nuestros esfuerzos para caminar hacia una Cultura Vocacional Vicentina con la certeza de que es Dios es el que nos ha llamado y el que desde toda la eternidad nos ha destinado para ser misioneros (XI, 33).
Por Rolando Gutiérrez, CM
Vice-Provincia de Costa Rica
Resumen del encuentro en Roma de los Superiores y Presidentes de la Familia Vicenciana
por Blandine Klien, SC | Ene 25, 2020
En primer lugar, quisiera agradecer la confianza que el Comité Ejecutivo ha depositado en mí al pedirme que lleve a cabo esta revisión. Gracias a mis colegas de Estrasburgo, que me ayudaron a tomar notas durante las distintas charlas, trabajos de grupo y mesas redondas.
¿Qué ha querido decirnos el Señor a lo largo de estos días, a través de cada uno de nosotros? Antes de compartirles mi análisis de estos días, permitan que mi corazón hable, para expresar mi alegría al ver la movilización que ha generado este encuentro internacional, un acontecimiento histórico, tal y como lo presentó el padre Tomas, nuestro Presidente.
Este primer encuentro, que ha reunido a representantes de más de la mitad de las ramas de la Familia Vicenciana, es un gran paso en la vía de dotar de estructura a nuestra organización mundial, que se inició en 1995.
Somos unos 200 representantes los que hemos compartido estas jornadas aquí en Roma. Cada uno de nosotros, religiosos y laicos, cuando volvamos a nuestras organizaciones, sembraremos estas ideas compartidas para vivir nuestro carisma vicenciano.
Ahora que mi corazón ha hablado, como introducción, quisiera retomar una frase del papa Francisco durante la audiencia del miércoles por la mañana: “un creyente, y más aún un cristiano, debe tener un corazón abierto a la solidaridad”.
Esto es lo que intentamos hacer cuando reivindicamos el carisma de Vicente de Paúl, Luisa de Marillac y los demás fundadores…
El fundamento de nuestro carisma no está en la defensa de los valores, sino en la aceptación de dejarnos mover por el Evangelio que llega a cada hombre y a toda la humanidad. Nuestro compromiso como vicencianos debe anunciar a nuestros contemporáneos la preocupación de Dios por las personas señaladas por la pobreza, la enfermedad, la fragilidad… Nuestro compromiso debe manifestar la dignidad de estas personas.
Esta dignidad no está ligada al desempeño individual, sino que debe tener en cuenta la historia, las relaciones, la dimensión familiar y social de la persona acogida.
Continuaré esta relectura abordando los diversos temas compartidos desde nuestra llegada: una prudencia audaz, una colaboración sólida, una comunicación indispensable, una planificación vocacional y, finalmente, el futuro del carisma.
1. En su intervención, el Padre Maloney nos recordó que el carisma requiere una prudencia audaz. Esta prudencia audaz alimenta un profundo amor a los pobres, un apego inquebrantable a Jesucristo y una confianza incondicional en la Providencia. “Atrévete a ser revolucionario, no prohíbas nada mientras el amor y el respeto por los pobres sigan siendo lo primero…”
He anotado tres puntos de reflexión sobre esta prudencia audaz:
2. Después escuchamos lo mucho que el carisma requiere de una colaboración sólida, una colaboración inventiva que se abre a los sueños, ¡como nuestros mayores se atrevieron a soñar! Estos sueños tienen un efecto catalizador, impiden que el fuego de la misión se apague. Pero tengamos también en cuenta estos dos puntos de atención cuando se habla de la colaboración:
3. Con el trabajo de la Comisión de Comunicaciones de la Familia Vicenciana, hemos escuchado lo prioritario que es establecer una estrategia de comunicación, tanto interna como externa. Como Vicente de Paúl en su tiempo, somos invitados a multiplicar las oportunidades de comunicarnos y de vivir en nuestro tiempo, es decir, utilizando los nuevos medios de comunicación.
Estamos invitados a difundir la alegría del Evangelio utilizando las técnicas de información actuales. Las redes sociales son un medio para dar a conocer la Familia Vicenciana y su obra, y para promover la formación y la reflexión en relación con la doctrina social de la Iglesia.
Cuando el padre Joe presentó el festival de cine como una iniciativa maravillosa, dijo algo que recuerdo especialmente: “Las películas pueden ser parábolas para hoy día”.
Sobre el tema de esta comunicación, aquí hay tres puntos de atención que vienen a mi mente:
4. El carisma requiere una planificación vocacional adaptada.
Estamos llamados a invitar, a acoger, a escuchar con la misma consigna: la alegría, ser felices, amar nuestro mundo. Invitar contando nuestra historia personal. Nuestra llamada. Tenemos mucho que ofrecer como individuos, tales como
Esta planificación vocacional es vital en el proceso de atraer nuevos miembros a las diferentes ramas de la Familia Vicenciana.
Veo tres puntos de atención:
5. Para las congregaciones, el carisma necesita una transmisión de las obras que sea creativa, reflexiva y dinámica.
La finalidad de esta transmisión es mantener la visión del carisma, permitir a los miembros de las congregaciones permanecer en la misión hasta el final. Esta transmisión requiere el abandono de la organización fundadora y el reconocimiento y la confianza mutua con los sucesores.
Puntos de atención:
Ayer se nos invitó a preguntarnos que hacer en los próximos años. ¿Qué sueño tenemos para el futuro del carisma?
Todo lo que voy a compartir con ustedes son algunos pensamientos que se han dicho aquí, en esta asamblea.
En la oración introductoria de la mañana, sor Mary nos compartió estas fuertes palabras: “Lo que el carisma será mañana depende de nosotros, de nuestro compromiso, de nuestro discernimiento de hoy”.
El carisma está en constante evolución y adaptación. La única constante a lo largo de los siglos es: “la caridad de Cristo nos impulsa”. ¡Así que el carisma está vivo! En mi opinión, de los diversos intercambios surgen cuatro vías, pero probablemente se podría encontrar alguna más.
— “De la colaboración a la comunión”
La colaboración entre las ramas, dentro y fuera de ellas, debe evolucionar cada vez más hacia la comunión. Hay que crear, tejer una red, un tejido en una sociedad en constante movimiento, en una sociedad sometida a la globalización y a la mundialización.
Todos somos expertos en nuestros campos, todos tenemos cualidades.
Tenemos en nuestras manos hilos de diferentes colores, texturas y tamaños. Uniendo sus hilos, tejiendo esta red, dibujamos el carisma vicentino y actuamos como una familia, tal como pidió el Presidente de la Sociedad de San Vicente de Paúl.
El momento adecuado para hacerlo es ahora, ¡es hoy!
Lo que hacemos, lo que vivimos en el presente, construye y prefigura el futuro. El mantenimiento del status quo no puede ser un objetivo en sí mismo.
— “El amor es inventivo hasta el infinito”
Para dar sustancia a esta exhortación, debemos usar nuestra imaginación, nuestras facultades creativas.
Necesitamos pasar de lo abstracto a lo concreto, de lo imaginado a lo real. De esta manera tendremos siempre un corazón abierto y atento a las nuevas pobrezas.
Es cuestión de preguntarse siempre cuáles son las respuestas. Esto requiere que definamos dónde posicionamos nuestros recursos y energías.
Responder a las nuevas formas de pobreza requiere también que cada uno de nosotros no esté en confrontación con los demás, dentro de la familia o con otras organizaciones. Se trata de saber cómo alegrarse por el bien que se está haciendo y por el reino de Dios que está avanzando.
— “La dignidad no es un concepto sino una acción, es una lucha”
Formar y aplicar el proceso de cambio sistémico una y otra vez, parece ser de suma importancia para el futuro. Realizar proyectos de servicio a los pobres en paralelo con una reflexión sobre los sistemas y las políticas es un futuro prometedor para el carisma. Eso es solidaridad con todos los hombres. Otra idea podría ser tener un plan de formación para toda la Familia Vicenciana.
— “Vivir el carisma permite crecer espiritual y humanamente”.
Este camino se propone a cada uno de los que participan en la senda de Vicente de Paúl y Luisa de Marillac.
Aunque vivir el carisma no es un fin en sí mismo, ni una búsqueda de satisfacción personal, permite a cada uno hacerse las preguntas adecuadas, mover montañas, actuar con valentía y prever un futuro lleno de esperanza.
Conclusión
Servir corporalmente y espiritualmente fue la preocupación de Vicente de Paúl, de Luisa de Marillac y de sus seguidores, la preocupación de todos los vicencianos a lo largo de los últimos 400 años, de todos esos hombres y mujeres, que sor Bernadette enumeró ayer.
Servir física y espiritualmente, con celo, dulzura, simplicidad y humildad.
Terminaré mis observaciones con lo que escuchamos el primer día de nuestra reunión. La Familia Vicenciana del siglo XXI será —digo “será” y no “debe ser”— cada vez más colaboradora.
Fracias por vuestra atención, no tengo ninguna duda de que nos volveremos a encontrar muy pronto para construir todas estas colaboraciones.
Sor Blandine Klien, SC
El Papa Francisco presidió este domingo 26 de enero en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa con motivo de la primera Jornada de la Palabra de Dios, instituida por el mismo Pontífice en el Motu Proprio Aperuit Illis del 30 de septiembre de 2019.
En su homilía, el Santo Padre invitó a hacer espacio para el Evangelio en la rutina diaria:
“Hagamos espacio a la Palabra de Dios. Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida”.
A continuación, la homilía completa del Papa Francisco:
«Jesús comenzó a predicar» (Mt 4,17). Así, el evangelista Mateo introdujo el ministerio de Jesús: Él, que es la Palabra de Dios, vino a hablarnos con sus palabras y con su vida. En este primer domingo de la Palabra de Dios vamos a los orígenes de su predicación, a las fuentes de la Palabra de vida. Hoy nos ayuda el Evangelio (Mt 4, 12-23), que nos dice cómo, dónde y a quién Jesús comenzó a predicar.
1. ¿Cómo comenzó? Con una frase muy simple: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (v. 17). Esta es la base de todos sus discursos: Nos dice que el reino de los cielos está cerca. ¿Qué significa? Por reino de los cielos se entiende el reino de Dios, es decir su forma de reinar, de estar ante nosotros.
Ahora, Jesús nos dice que el reino de los cielos está cerca, que Dios está cerca. Aquí está la novedad, el primer mensaje: Dios no está lejos, el que habita los cielos descendió a la tierra, se hizo hombre. Eliminó las barreras, canceló las distancias. No lo merecíamos: Él vino a nosotros, vino a nuestro encuentro.
Es un mensaje de alegría: Dios vino a visitarnos en persona, haciéndose hombre. No tomó nuestra condición humana por un sentido de responsabilidad, sino por amor. Por amor asumió nuestra humanidad, porque se asume lo que se ama.
Y Dios asumió nuestra humanidad porque nos ama y libremente quiere darnos esa salvación que nosotros solos no podemos darnos. Él desea estar con nosotros, darnos la belleza de vivir, la paz del corazón, la alegría de ser perdonados y de sentirnos amados.
Entonces entendemos la invitación directa de Jesús: “Convertíos”, es decir, “cambia tu vida”. Cambia tu vida porque ha comenzado una nueva forma de vivir: ha terminado el tiempo de vivir para ti mismo; ha comenzado el tiempo de vivir con Dios y para Dios, con los demás y para los demás, con amor y por amor. Jesús también te repite hoy: “¡Ánimo, estoy cerca de ti, hazme espacio y tu vida cambiará!”.
Es por eso que el Señor te da su Palabra, para que puedas aceptarla como la carta de amor que escribió para ti, para hacerte sentir que está a tu lado. Su Palabra nos consuela y nos anima. Al mismo tiempo, provoca la conversión, nos sacude, nos libera de la parálisis del egoísmo. Porque su Palabra tiene este poder: cambia la vida, hace pasar de la oscuridad a la luz.
2. Si vemos dónde Jesús comenzó a predicar, descubrimos que comenzó precisamente en las regiones que entonces se consideraban “oscuras”. La primera lectura y el Evangelio, de hecho, nos hablan de aquellos que estaban «en tierra y sombras de muerte»: son los habitantes del «territorio de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles» (Mt 4,15-16; cf. Is 8,23-9,1).
Galilea de los gentiles: la región donde Jesús inició a predicar se llamaba así porque estaba habitada por diferentes personas y era una verdadera mezcla de pueblos, idiomas y culturas.
De hecho, estaba la Vía del mar, que representaba una encrucijada. Allí vivían pescadores, comerciantes y extranjeros: ciertamente no era el lugar donde se encontraba la pureza religiosa del pueblo elegido.
Sin embargo, Jesús comenzó desde allí: no desde el atrio del templo en Jerusalén, sino desde el lado opuesto del país, desde la Galilea de los gentiles, desde un lugar fronterizo, desde una periferia. De esto podemos sacar un mensaje: la Palabra que salva no va en busca de lugares preservados, esterilizados y seguros. Viene en nuestras complejidades, en nuestra oscuridad.
Hoy, como entonces, Dios desea visitar aquellos lugares donde creemos que no llega. Cuántas veces preferimos cerrar la puerta, ocultando nuestras confusiones, nuestras opacidades y dobleces. Las sellamos dentro de nosotros mientras vamos al Señor con algunas oraciones formales, teniendo cuidado de que su verdad no nos sacuda por dentro. Pero Jesús —dice el Evangelio hoy— «recorría toda Galilea […], proclamando el Evangelio del reino y curando toda enfermedad» (v. 23).
Atravesó toda aquella región multifacética y compleja. Del mismo modo, no tiene miedo de explorar nuestros corazones, nuestros lugares más ásperos y difíciles. Él sabe que sólo su perdón nos cura, sólo su presencia nos transforma, sólo su Palabra nos renueva. A Él, que ha recorrido la Vía del mar, abramos nuestros caminos más tortuosos; dejemos que su Palabra entre en nosotros, que es «viva y eficaz, tajante […] y juzga los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12).
3. Finalmente, ¿a quién comenzó Jesús a hablar? El Evangelio dice que «paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos […] que estaban echando la red en el mar, pues eran
pescadores.
Les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”» (Mt 4,18-19). Los primeros destinatarios de la llamada fueron pescadores; no personas cuidadosamente seleccionadas en base a sus habilidades, ni hombres piadosos que estaban en el templo rezando, sino personas comunes y corrientes que trabajaban.
Evidenciamos lo que Jesús les dijo: os haré pescadores de hombres. Habla a los pescadores y usa un lenguaje comprensible para ellos. Los atrae a partir de su propia vida. Los llama donde están y como son, para involucrarlos en su misma misión. «Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron» (v. 20).
¿Por qué inmediatamente? Porque se sintieron atraídos. No fueron rápidos y dispuestos porque habían recibido una orden, sino porque habían sido atraídos por el amor. Los buenos compromisos no son suficientes para seguir a Jesús, sino que es necesario escuchar su llamada todos los días. Sólo Él, que nos conoce y nos ama hasta el final, nos hace salir al mar de la vida. Como lo hizo con aquellos discípulos que lo escucharon.
Por eso necesitamos su Palabra: en medio de tantas palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino de vida.
Queridos hermanos y hermanas: Hagamos espacio a la Palabra de Dios. Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida.
Fuente: ACIPRENSA
El belén es una imagen artesanal de la paz ante tanta violencia e individualismo que nos rodea: lo recordó el Papa esta mañana en la audiencia general en el Aula Pablo VI.
María Cecilia Mutual - Ciudad del Vaticano
El pesebre es un Evangelio vivo en los lugares en donde se vive: en las casas, en las escuelas, en los lugares de trabajo y de encuentro, en los hospitales, en las cárceles y en las plazas. Lo recordó el Papa Francisco esta mañana en el curso de la audiencia general de este tercer miércoles del tiempo de Adviento, explicando qué significa el pesebre en el tiempo de Navidad y evidenciando su sentido profundo para la familia.
Tras recordar que dentro de una semana es Navidad, el Papa propone a los fieles presentes en el Aula Pablo VI que se pregunten cómo se están preparando “para la fiesta del Festejado” y explica un “modo simple pero eficaz” para hacerlo: “hacer el pesebre”. Francisco afirma que él también este año “ha seguido este camino”, visitando la ciudad de Greccio en donde San Francisco realizó el primer belén y que también, en esa ocasión escribió una carta para recordar el significado de esta tradición. Hacer el pesebre, precisa a continuación el Obispo de Roma, “es celebrar la cercanía de Dios”, que se hizo hombre, “un niño”, que “siempre ha estado cerca de su pueblo”:
“El pesebre es un Evangelio vivo, no lo olvidemos, que nos recuerda que Dios se ha hecho hombre. Es bonito detenerse delante del nacimiento y confiar al Señor las personas, las situaciones, las preocupaciones que llevamos dentro.”
Jesús, alimento para nuestra existencia
A continuación Francisco describe el Belén, en donde vemos junto a Jesús, a María y José: “podemos imaginar los pensamientos y los sentimientos que tenían mientras el Niño nacía en la pobreza: alegría y consternación” – precisa. Y exhorta a invitar a la Sagrada Familia “a nuestra casa”:
“El belén es además un Evangelio doméstico: El pesebre es donde comen los animales; y belén significa ‘casa del pan’. Pesebre y casa del pan, estas dos palabras nos evocan que Jesús es el alimento para nuestra existencia; es el pan de vida. Es él que alimenta nuestro amor, es Él que dona a nuestras familias la fuerza de seguir adelante y perdonarnos.”
El pesebre invita a la contemplación
Con una mirada hacia la vida actual marcada por ritmos frenéticos, el Papa asegura que el pesebre ofrece otra enseñanza de vida, una “invitación a la contemplación”, nos recuerda "la importancia de detenernos":
“Ante una sociedad frenética, el belén nos hace dirigir nuestra mirada a Dios, que es pobre de cosas, pero rico de amor, nos invita a invertir en lo importante, no en la cantidad de bienes, sino en la calidad de los afectos.”
El pesebre, ternura de la familia
Ayer, recuerda el Santo Padre, me regalaron una estatuilla de un pesebre especial, pequeñito, que se llamaba: “Dejen descansar a mamá”. Estaba la Virgen adormecida y José con el Niño allí, que lo hacía dormir. Cuántos de ustedes deben dividir la noche entre marido y mujer por el niño o la niña que llora, llora, llora. “Dejen descansar a mamá”: es la ternura de una familia, de un matrimonio”.
El pesebre, evangelio vivo
“El pesebre es más que nunca actual – añade el Papa – mientras cada día se fabrican armas y tantas imágenes violentas, que entran en los ojos y en el corazón”. “Es un Evangelio vivo”. Y en español, dice:
“El belén es una imagen artesanal de la paz ante tanta violencia e individualismo que nos rodea. En el pesebre todos convergen en Jesús, quién es el Príncipe de la paz y donde está Jesús hay armonía, y nos dice que no estamos solos, porque Él está con nosotros, dándonos una vida nueva.”
Con Jesús ya nos estamos solos
Finalmente, del pesebre podemos recibir una “enseñanza sobre el sentido de la vida”. En el pesebre - agrega Francisco – se ven escenas cotidianas: los pastores con las ovejas, herreros que trabajan el hierro, molineros, que indican que Dios viene "a nuestra vida concreta". Por eso es importante “hacer un pequeño belén en casa, siempre, porque es el recuerdo de que Dios vino a estar entre nosotros, nació de nosotros, nos acompaña en la vida, es hombre como nosotros, se hizo hombre como nos
“No cambia mágicamente las cosas, pero si lo acogemos, cada cosa puede cambiar. Espero entonces que hacer el pesebre sea una oportunidad para invitar a Jesús en la vida. Cuando hacemos el pesebre en casa, es como abrir la puerta y decir: "¡Entra, Jesús!". Es hacer concreta esta cercanía, esta invitación a Jesús para que entre en nuestras vidas. Porque si Él vive en nuestras vidas, la vida renace. Y si la vida renace, realmente es Navidad.”
El saludo a los peregrinos
En el curso de la audiencia, el Papa saludó en diversos idiomas a los fieles presentes en el Aula Nervi procedentes de varios países. A los peregrinos de lengua española, reiteró su invitación:
Los invito a preparar el belén en sus hogares y a detenerse para contemplarlo, para que el nacimiento de Jesús los llene de alegría y les conceda la paz. Les deseo a todos Feliz Navidad.
otros” y por tanto "en la vida cotidiana, ya no estamos solos".
Eucaristía, caridad y justicia social
07/10/2019Espiritualidad vicencianaLeave a Comment
CRÉDITOS
Autor: Gilson Cezar de Camargo, C.M. · Traductor: Graciela Ríos, AIC. · Año publicación original: 2005 · Fuente: Vincentiana, Enero-Febrero 2005.
Tiempo de lectura estimado:
Eucaristía, caridad y justicia social
A manera de introducción
Pienso en las palabras de Henri Bremond en su obra conocida como «Historia literaria del sentimiento religioso» (III, 245), cuando dijo en 1938 que «San Vicente de Paúl permanece aún escondido debajo de su abrigo». A?rmaba: «Ocho gruesos volúmenes, ricos de doctrina, desbordantes de humor, donde no encontré una única línea banal, cosa única en una colección de ese género. Actualmente el grande público aún las ignora. Extraña manera de honrar su fundador». Tal indignación encontró eco en los corazones de muchos hijos de Vicente de Paúl. En nuestros días, ya disponemos de valiosos escritos, biografías y documentales que nos permiten tener acceso al «gran santo del gran siglo».
Sin embargo, el desafío permanece presente, pues escribir sobre Vicente de Paúl, no es un emprendimiento tan complicado, teniendo en cuenta que ya tenemos a nuestra disposición, una considerable y abundante cantidad de hechos nacidos de la pluma ágil y astuta del campesino de Pouy. El grande desafío que permanece es el de alterar o simpli?car, mutilando las ideas y el raciocinio de Vicente de Paúl, con los pensamientos de nuestro tiempo y del ambiente teológico de la re?exión contemporánea. Con esta manera de proceder, estaremos adulterando todo la riqueza y complejidad del punto de comprensión de este hombre, que vivió, sintió, pensó y actuó inserido en la complejidad del siglo XVII, en un país denominado Francia.
Para explicitar mejor lo que acabo de a?rmar, vale la pena referirme a un artículo, por cierto muy interesante, de la revista francesa «Messages du Secours Catholique» («Mensajes del Socorro Católico»; no. 366 -Diciembre de 1984), intitulada: «Señor Vicente: un corazón para nuestro siglo». Al inicio de éste artículo, realizado en forma de entrevista, encontramos: «San Vicente de Paúl, Señor Vicente. Su vida está en todas las memorias. Y los pobres, hoy, son su actualidad. Messages quiso encontrar en éste que dio un corazón al ‘gran siglo’ y que Bossuet dirá ‘cuando reunidos a su alrededor nosotros lo escuchábamos, y no había nadie que no supiese que la palabra del apóstol se cumplían en él: si alguien habla, que sus palabras sean como palabras de Dios’ «. Aún en la nota, la revista así se re?ere: Esta entrevista en la primera persona puede ser realizada gracias a la brillante erudición del P. André Dodin, historiógrafo de San Vicente de Paúl.
Me gustaría referirme a la primera pregunta hecha por la revista, elaborada en la primera persona del singular, dirigida a la persona de Vicente de Paúl y contestada por él, por la erudición y conocimiento del P. André Dodin. La pregunta se formula así:
Messages: ¿Muchas imágenes fuertes circulan sobre su persona? ¿Usted es el hombre que nosotros conocemos hoy?
Vicente de Paúl (P. André Dodin): «Se necesitaría seguramente relativizar muchas cosas. Todo no soy yo. Pero después de tres siglos y medio, cada institución, en cada período no cesaron y no cesan de traer para el mundo el San Vicente de Paúl que ellos sueñan o que tienen necesidad y que yo no fui».
Pienso que aquí reside un peligro, cuando escribimos o damos conferencias sobre Vicente de Paúl, realmente transmitimos su pensamiento o proyectamos aquello que soñamos de él y que nos gustaría que él hubiera a?rmado, pero que en la realidad no a?rmó, teniendo en cuenta que está situado en el siglo XVII, alejado de nuestra realidad por lo menos tres siglos y medio.
1. Oportunidad para profundizar mis conocimientos al respecto de Vicente de Paúl
Joven, sacerdote lazarista, dejaba mi país en busca de un título académico, teniendo en vista mi ascendencia francesa del lado materno, mi opción fue el Instituto Católico de Paris, el curso escogido fue Maestría en Teología (con especialización en Liturgia y Teología de los Sacramentos). Con duración de dos años (1982-1984), el referido curso estaba bajo la dirección del conceptuado y conocido liturgista dominicano, uno de los peritos de la Comisión Conciliar de la Liturgia en el Concilio Vaticano II, el P. Pierre-Marie Gy.
Cuando llegó el momento de presentar mi proyecto de investigación al director del curso, Pe. Gy, mi intención era desarrollarla desde el ambiente teológico que predominaba en aquel momento en Brasil, la Teología de la Liberación. Evidentemente que en este momento no tenía conocimiento que el P. Gy, había sido grande amigo y que había compartido alegrías y tristezas, sufrimientos y esperanzas con el P. Annibal Bugnini, en la comisión preparatoria y posteriormente en el recorrer del Concilio, del cual resulto, la Constitución Apostólica Sacrosanctum Concilium.
Con toda calma y tranquilidad, propia de los grandes sabios, el P. Gy me argumentó diciendo: después de terminar el curso académico y con tu regreso al Brasil, tendrás todo el tiempo disponible para desarrollar y profundizar la cuestión de la liturgia relacionada con la Teología de la Liberación; me sugirió en ese momento, que como yo era lazarista, y para honrar el grande liturgista, Annibal Bugnini de la Congregación de la Misión, debía hacer mi investigación desde el pensamiento de nuestro fundador San Vicente de Paúl, incluso me sugirió el asunto a ser investigado: «Vicente de Paúl, su doctrina y visión del Sacramento de la Eucaristía». Aún más, como sabía que residía en la Casa Madre de los lazaristas en Paris (Calle de Sèvres, 95), donde residía otro grande amigo suyo y cohermano mío de Congregación, P. André Dodin, el P. Gy sugirió que buscase el auxilio de todo la sabiduría y conocimientos del P. Dodin.
Regresé bastante contento para la Casa Madre, donde estaba hospedado, sabía que el desafío sería bastante grande, tanto en las exigencias académicas del Instituto Católico, como por la dimensión del asunto a mí propuesto; pero con grande esperanza, por la valiosa colaboración del P. André Dodin. En la primera oportunidad que tuve lo busqué, le presenté la sugerencia que me fue propuesta por el P. Gy, y le pregunte si él estaría dispuesto a ayudarme en tal iniciativa.
La respuesta del P. Dodin fue a?rmativa. Me dice que estaría dispuesto a ayudarme, colocando algunas condiciones: que nunca tomase la iniciativa de buscarlo, él mismo me llamaría por el interfono de la casa en sus momentos libres y de inspiración. Que nunca lo interrumpiese con preguntas en el momento en que estuviera hablando, y que simplemente tomase anotaciones. Siempre procuré cumplir a la línea éstas dos condiciones. Fueron muchas las ocasiones que
P. Dodin me llamó, fueron muchas hojas impresas, acompañadas por una avalancha de conocimientos del P. Dodin, sobre el pensamiento y doctrina de nuestro fundador San Vicente de Paúl, esto me permitió elaborar el proyecto de investigación. También como estaba en Francia, el Instituto Católico me exigió que escribiese en francés, «Saint Vincent de Paul, doctrine y Vision du sacrement de l′Eucaristie» («San Vicente de Paúl, doctrina y visión del sacramento de la Eucaristía»), para obtener el título académico de «Maestría en Teología» (especialización en Liturgia y Teología de los Sacramentos).
Cuando me llegó la honrosa invitación de la Revista Vicentiana, para escribir sobre: «Eucaristía, Caridad y Justicia Social, a la luz de la doctrina de S. Vicente de Paúl», me recordé de mi trabajo de investigación, todo en francés, pues nunca la traduje para mi idioma materno, entonces tomé la decisión de basarme en él para cumplir la tarea con?ada, estando consciente de mis limitaciones, las cuales me gustaría enumerarlas: No soy escritor, por el contrario, soy bastante limitado a éste respecto. Soy un pastor de la periferia de la ciudad de Curitiba, donde vivo. Siempre estuve muy envuelto con clases de liturgia en diversos cursos de teología para la formación del clero y una in?nidad de cursos para la formación de los laicos, lo cual me da una gran alegría y enorme realización como sacerdote Lazarista. Soy latinoamericano brasileño, mi modo de enfocar y desarrollar éste artículo esta profundamente in?uenciado por la cultura que me envuelve. Así, escribo este artículo, con un poco de celos en los demás cohermanos escritos de San Vicente de Paúl, que tienen una in?nidad de fuentes a su disposición. Nosotros aquí, distantes del viejo mundo y de Francia, donde vivió nuestro querido Padre, nos contentamos viviendo con los pobres, que fueron el sujeto de preocupación, de dónde brotó la doctrina y teología de Vicente de Paúl: «Los pobres son nuestros Maestros y Señores».
2. Situando el asunto propuesto en la perspectiva de Vicente de Paúl
Si preguntásemos a Vicente de Paúl sobre su pensamiento teológico, al respeto de la «Eucaristía, Caridad y Justicia Social», pienso que para él sería bastante difícil poder respondernos, teniendo en cuenta que, la eucaristía referida a la Caridadyala Justicia social, son conceptos que están unidos a nuestro tiempo, a nuestra realidad teológica de hoy.
Así pues, para poder desarrollar la línea de pensamiento, al respeto del sujeto que me fue propuesto, tendré que pedir las debidas licencias a la Real Academia de la Lengua, para que podamos crear algunos verbos y sustantivos que nos ayudarán a una mejor comprensión de nuestro trabajo. El primer verbo que quiero crear es Temporalizar: localizar a San Vicente en su tiempo, con su modo de pensar, de actuar, envuelto con los problemas teológicos y eclesiológicos, propios de la Iglesia de Francia en el siglo XVII. El otro verbo necesario que tenemos que crear, es el verbo Contemporalizar: transferir, interpretar, aplicar la doctrina y el pensamiento teológico de Vicente de Paúl para el tiempo presente, en el cual nosotros estamos situados, siglo XXI. Partiendo de nuestro horizonte de comprensión teológica, enriquecida por las enseñanzas actuales del Magisterio de la Iglesia (Concilio Vaticano II y para nosotros de América Latina, los documentos de Medellín, Puebla y Santo Domingo), así como, por el pensamiento teológico y su actual ambiente eclesiológico.
Temporalizando Vicente de Paúl, podemos vislumbrar el pragmatismo de su pensamiento teológico y espiritual. No nos dejó ningún libro donde pudiésemos encontrar su pensamiento sistematizado por él mismo. No olvidemos que era hijo de agricultores del sur de Francia. Hombre simple y familiar, no conoció éxtasis ni milagros extraordinarios. Así a?rmaba: «La perfección no consiste en el éxtasis, sino en hacer bien la voluntad de Dios». Todo su pensamiento y modo de actuar nace de su capacidad de mantener los ojos abiertos a la realidad de su tiempo. No escribió grandes obras. Lo que tenemos a nuestra disposición son sus cartas y conferencias, siempre situadas concretamente, en la realidad de los problemas y con?ictos de su tiempo, en vistas a mantener sus hijos (los misioneros) y sus hijas (Hijas de la Caridad) a permanecer ?eles a la sana doctrinayala Iglesia: «Siempre he tenido miedo de verme envuelto en los errores de alguna nueva doctrina, sin darme cuanta de ello. Sí, durante toda mi vida, he tenido miedo a esto».1
Lo que creía y defendía ?rmemente Vicente de Paúl, nosotros lo descubrimos de manera directa y concreta en los hechos cotidianos de su vida. Una vida que transbordó fortaleza y vigor, que se expresa de manera espontánea, a partir de las circunstancias. Son los hechos de la vida, de la realidad, la razón de su conversión y de sus iniciativas. El moribundo de Gannes, seguido del Sermón de la Misión, día 25 de enero de 1617 en Folleville, conducen a Vicente a observar la realidad de su tiempo y constatar el desafío: «El pueblo del campo estaba abandonado y sufriendo el mal de la ignorancia y de la miseria». En Châtillon-lees-Dombes, observa y constata que la generosidad de los parroquianos habia sido abundante para aquella familia necesitada, «¿pero qué quedará para los días siguientes y los meses qué vendrán?». «Es una grande caridad, a?rma Vicente, pero está mal organizada».
Folleville y Châtillon-lees-Dombes: para nosotros que somos seguidores de Vicente de Paúl, estos lugares no pueden interesarnos sólo por que forman parte de la geografía de un magni?co país llamado Francia, y si, por que son lugares carismáticos, lugares emblemáticos de dos grandes experiencias de nuestro fundador: la miseria espiritual y la miseria material del pueblo del campo. A esa miseria, responderán sus dos obras magnas: misión y caridad, como una única realidad, pues la Misión incluye la Caridad y la Caridad incluye la Misión, como también, sería única la experiencia que daría origen a los emprendimientos de Vicente de Paúl: su coraje de abrir los ojos para la realidad de su tiempo, haber descubierto un pueblo sufrido, humillado, explotado, prisioneros de la avidez de los grandes y poderosos, animales de carga de una sociedad basada en el privilegio, en la gloria, en el lujo y brillo intelectual del gran siglo.
Vicente de Paúl parte de la experiencia, de los hechos de la vida, de la realidad para la acción, así como Jesús comenzó haciendo y después enseñó. Vicente no tiene «ideas» de Cristo, él Vive Cristo. Esta vivencia será siempre desde los hechos de la vida, los dos episodios de Folleville y de Châtillon, le revelaron las dos caras de la pobreza, la falta de Dios y falta de pan, que corresponde a los dos lados del rostro de su Cristo: Misionero «Evangelizare pauperibus misit me» y servidor de los pobres «Caritas Christi urget nos».
Además de éstos dos episodios ya mencionados, Vicente busca, por un lado, en las Escrituras, de manera especial en la lectura del apóstol Pablo, por otro lado en San Francisco de Sales, en su «Tratado del Amor de Dios» la inspiración y seguridad para sus convicciones. Se siente encantado al encontrar la voluntad de Dios, que lo lleva a no permanecer inactivo. Este descubrimiento de la voluntad y del amor de Dios, serán fuentes de un sorprendente dinamismo que estará siempre presente en toda su vida e in?uenciará su pensamiento teológico.
Constantemente recomienda a sus hijos e hijas, la disponibilidad a la Divina Providencia. No fueron los hombres que primero amaron a Dios, fue Dios que primero los amó. Hacer bien la voluntad de Dios, «dejar Dios por Dios», esta máxima tan querida por San Vicente, nos lleva a pensar que en su espíritu no hay solamente un camino para llegar a Dios y para crecer en su amor. «Hijas mías, sabed que, cuando dejéis la oración y la santa Misa, por el servicio a los pobres, no perderéis nada, ya que servir a los pobres es ir a Dios; y tenéis que ver a Dios en sus personas».2 La oración ciertamente es importante, y nadie puede dispensarla; pero que nadie se conforme sólo con la oración. «Mis queridas hermanas, haced siempre lo que podáis, a ?n de que siendo la oración vuestra primera ocupación, vuestro espíritu se llene de Dios para todo el resto de la jornada. Es verdad que hay que preferir, en caso de necesidad, el servicio a los enfermos; pero, tenéis cuidado, encontraréis tiempo para todo».3
Es evidente para Vicente, que esta voluntad de Dios es siempre una voluntad de amor. La adhesión a la voluntad Divina, se traduce en actos y no se queda apenas en intención. Nuestro Señor, es el único modelo, pues se refería continuamente a su Padre y hacía todo para agradarle. El misterio de la Encarnación es visto por Vicente, dentro de este seguimiento que cumple la voluntad del Padre. Al contemplar ese misterio de amor, de un Dios que se hizo hombre, Vicente aprende a amar Dios y amar los hombres, en un mismo y único movimiento.
Jesucristo es Salvador. Para Vicente está es la a?rmación esencial. Cumpliendo la orden encomendada por su Padre, Jesús se entrega libremente a la muerte de cruz. Él que tiene la libertad y la alegría del Reino de Dios, quiso ser la víctima del mal existente en el mundo. Por amor a nosotros, Jesús recorre, en sentido inverso, el camino del pecado. La pasión será el supremo testimonio del amor de Cristo para con el Padre y para la humanidad. Consecuentemente, para Vicente, el objetivo de nuestra vida es honrar a Nuestro Señor en la vida terrena. Unidos a Cristo, fuente de nuestra salvación, tenemos en Él, el modelo de nuestra salvación. Vicente consideraba la imitación de Nuestro Señor, como fundamental para toda ascensión espiritual: «Acuérdese, padre, de que vivimos en Jesucristo por la muerte de Jesucristo, y que hemos de morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo, y que nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo, y que, para morir como Jesucristo, hay que vivir como Jesucristo».4
En su tiempo, la Iglesia se debatía en una crisis difícil; la reforma había movido con el cristianismo occidental. El Concilio de Trento intenta remediar los excesos y los errores cometidos, de tal modo que Vicente es un hombre «pos-conciliar», de los que más trabajó, para que el concilio pasase para la realidad de la Iglesia de Francia. Pasar de una Iglesia mundana para una Iglesia de los pobres, para restablecer el verdadero sentido de una vida cristiana accesible a los más humildes. En este sentido es que situamos su a?rmación: «La Iglesia tiene bastantes personas solitarias… y demasiadas inútiles, y otras muchas más que la desgarran. Lo que se necesita es tener hombres evangélicos, que se esfuercen en purgarla, en iluminarla y en unirla a su divino esposo».5
Vicente lucha incesantemente para promover la renovación de un sacerdocio y de un episcopado verdaderamente apostólico, así lo expresa: «Es demasiado cierto que la depravación del estado eclesiástico es la causa principal de la ruina de la Iglesia de Dios… Sí, son los sacerdotes; nosotros somos la causa de esa desolación que arruina a la Iglesia, de esa deplorable retroceso que había sufrido en muchos lugares».6 Pero también, por otro lado a?rma: «¡Ay, padres, qué cosa es un buen sacerdote! ¿Qué no puede hacer un buen eclesiástico? ¿Que conversiones puede hacer un buen eclesiástico? ¿Qué conversiones no puede procurar… De los sacerdotes depende la felicidad del cristianismo, ya que los buenos feligreses, cuando ven a un buen eclesiástico, a un pastor caritativo, lo veneran y oyen su voz, procurando imitarle».7
Con esta voluntad renovadora, inventa una nueva forma de vida religiosa, acogiendo a las sencillas hijas del campo que están disponibles a socorrer las múltiples necesidades de los desheredados, tan numerosos en las ciudades como entre el pobre pueblo del campo. Así les propone a sus Hijas: «Vuestro monasterio es la casa de los enfermos y aquella en que reside vuestra superiora; vuestra celda es vuestro cuarto de alquiler… tenéis como capilla la iglesia parroquial… Vuestro claustro son las calles de la ciudad… Vuestro claustro es la obediencia… Por reja tenéis el temor de Dios. Y por velo, lleváis la santa modestia».8
Su horizonte de comprensión, es el de una Iglesia que continúa el misterio del Cristo, que debe revelar y prolongar el Amor ?el y misericordioso de Jesucristo. Debe ser pobre y de los pobres. Seguramente, esta Iglesia no debe despreciar a nadie, su predilección debe ir en dirección de los pobres. Para Vicente, Jesús está presente en los pobres, para él, esto es una certeza. El misterio del prójimo en Cristo, se realiza en el gesto de devoción y de ayuda expresada a los pobres. La Caridad, por lo tanto, es compartir, es una participación del mismo amor de Dios: «¡Hermana, que consolada se sentirá usted a la hora de la muerte de haber consumido su vida por el mismo motivo por el que Nuestro Señor Jesucristo dio la suya! ¡Por la caridad, por Dios, por lo pobres!».9
Para Vicente, la caridad cristiana es e?caz. Ella procura la voluntad del Señor, lo que supone la fe y que culmina en la obediencia de esta voluntad, él mismo a?rma: «De los religiosos se dice que están en estado de perfección; nosotros no somos religiosos, pero podemos decir que estamos en estado de caridad, ya que continuamente ocupados en la práctica real del amor o en disposición de ello».10 La prueba del amor es la manifestación de la acción. Dios nos amó dándonos a su Hijo. Nosotros podemos amarlo sólo correspondiendo al don de su amor por la aceptación de su voluntad, en la obediencia de un amor vivo. Manifestación del amor a Dios, el amor al prójimo es al mismo tiempo, una comunión al amor de Dios, pues su fuente es el don mismo de Dios.
La salvación viene por la fe en la Palabra y por la participación en los Sacramentos. Vicente de Paúl da grande importancia a la vida sacramental de las Hijas de la Caridad, de modo especial a los sacramentos de la Penitencia y Eucaristía. Según él, nuestra fe establece un contacto con el Cristo glori?cado, y los sacramentos llevan a un encuentro real, bajo el telón de señal. Para reencontrar Jesús, es necesario un acto de fe viva en Él, acto de fe que se prolonga en acto de adoración, de amor y de ofrenda.
Pero, si queremos comprender bien el pensamiento del señor Vicente sobre los sacramentos, de modo especial la Eucaristía, no podemos olvidar que en su horizonte de comprensión, el pobre aparece primeramente, como una forma de «sacramento» del encuentro con Dios. Para el señor Vicente, el Señor se revela también bajo la señal del pobre, del prójimo ignorante, así lo a?rma: «No hemos de considerar a un pobre campesino o a una pobre mujer según su aspecto exterior, ni según la impresión de su espíritu, dado que con frecuencia no tienen ni la ?gura ni el es espíritu de personas educadas, pues son vulgares y groseros. Pero dadle la vuelta a la medalla y veréis con las luces de la fe que son éstos los que nos representan al Hijo de Dios, que quiso ser pobre».11
En este amplio horizonte de comprensión teológica, podemos situar su pensamiento sobre la Eucaristía. Vicente ve la Eucaristía como sacramento a la luz del Verbo hecho carne, que vino para dar vida a los hombres. Ese Verbo hecho Carne, continúa presente entre nosotros, en la Eucaristía, como alimento que fortalece la Caridad. Así, lo recomienda a los laicos, a las Hijas de la Caridad y mismo a los jóvenes, «para ayudarlos a vivir cristianamente». Situado en ésta comprensión del misterio de la fe, bien fundado en los hechos de la realidad, que nos permite comprender y no dejarse abalar por la nefasta in?uencia del jansenismo.
3. Vicente de Paúl y la querella de la «comunión frecuente»
Tenemos un año de referencia para todo la polémica que envolverá nuestro fundador, Vicente de Paúl, se trata del año 1642. En esta fecha, un pequeño grupo parecía poco dispuesto a juntarse a los partidarios de la comunión frecuente (motivada especialmente por los jesuitas). Este grupo, formado de religiosas cistercienses y algunos nobles, retirados a la soledad del monasterio de Port-royal-des-Champs, para vivir mejor su entrega a Dios. Son, de modo especial los discípulos de Jean du Vergier de Hauranne, Abad de Saint Cyran.
A seguir, aparecerá en escena Antonio Arnauld, que en septiembre de 1642, algunos días después de su ordenación sacerdotal, se encamina para la clausura del monasterio. Vendrá a hacer su retiro de ordenación en Bons-Enfants, sin embargo, no queda totalmente satisfecho y por ?n, se refugiará en Port-Royal-des-Champs, afín de compartir la vida de silencio. En este ambiente es que redactara sus tesis jansenistas y el famoso tratado de la «Frecuente Comunión».
Éste tratado de Arnauld, nace en oposición a un pequeño libreto del Padre Sesmaisons, jesuita, que en compañía de los padres Bauni y Ravardeau, se demostraba, por la tradición de la Iglesia, la legitimidad de la comunión semanal, que no exigía sino la devoción actual y la ausencia de pecado mortal. En este opúsculo, se leía: «Cuanto más despojado esta de la gracia, más insistentemente se debe aproximarse a Jesucristo en la Eucaristía». Tal a?rmación no estaba de acuerdo con la teología de Saint-Cyran. Así, para defender lo que se consideraba como Verdad, en algunos meses, Arnauld, redacta su obra intitulada: «La Frecuente Comunión». Su tesis se puede formular de la siguiente manera: la comunión es recompensa por la virtud más de que alimento. Una vida exenta de pecado, santi?cada por la virtud y por los ejercicios de penitencia puede solamente prepararla. Su tesis había sido aprobada por veinte doctores de la Sorbona y dieciséis obispos (A. DODIN, autour du problème de «La Frequente Comunión», 378).
Estamos en el año 1644. En San Lazare-lès-Paris. Evidentemente que el señor Vicente debe estar muy bien informado de todos estos acontecimientos en torno de la Eucaristía, pues acaba de entrar en el «Consejo de Conciencia». Ésta en relación con los poderosos de la Corte, con los jesuitas y un gran numero de obispos. Está muy bien enterado sobre Port-Royal, pues es amigo de Saint-Cyran. Sin embargo, encima de la amistad, está la verdad y un temor de caer en la herejía, que fue siempre una constante en la vida de Vicente.
Así, sabemos que, desde 1645, Vicente tendrá una actitud de hostilidad con relación a Port-Royal que lo traduce en una carta para Mons. Abra de Raconis, en la cual lo aconseja para no nombrar el Sr. Joby (declaradamente discípulo de la nueva doctrina) su Vicario General.12 En este mismo año, uno de los teólogos de Notrê Dame, Habert, violentamente opuesto a la doctrina de Arnauld y al Jansenismo, es nombrado obispo de Vabres. La indicación viene del Consejo de Conciencia, donde Vicente es el todo poderoso.
Hasta entonces toda esta disputa no había alcanzado el corazón de Vicente de Paúl. Eran preocupaciones exteriores a su Pequeña Compañía, podríamos decir: preocupaciones ad extra. Es en 1648 que estas discusiones van alcanzar el ad intra de la Pequeña Compañía, cuando Vicente recibe una carta del Señor Dehorgny, tomando la defensa de los jansenistas. Conforme el viejo adagio popular: «Hay males que vienen para bien», uno de los nuestros, justamente un hombre de todo la con?anza de Vicente, se deja in?uenciar por la nueva doctrina. Es de esta manera que podemos hoy, tener acceso a las ideas y posiciones de Vicente de Paúl, en relación al Jansenismo, bien como, a su visión doctrinal de Sacramento de la Eucaristía.
Dehorgny, uno de los pioneros y más brillantes de la Compañía. Primeramente fue superior en Bons Enfants, uno de los puestos de con?anza de Vicente. Enseguida, lo envía para Roma, para ejercer la función de superior. Es en Roma que Dehorgny se deja in?uenciar por la nueva doctrina. Con relación a Jean Dehorgny tan complaciente con la nueva doctrina, Vicente presenta argumentos decisivos.
Él está de acuerdo que existen abusos en la administración tan admirable de la Eucaristía, pero que eso no justi?ca que se llegue a caer en otro abuso de sentido contrario. Muestra que el título del libro del señor Arnauld no es, sino un engaño, pues el objetivo visado y los resultados logrados son deplorables. No se ve más la frecuencia a los sacramentos como se veía antes, ni menos en la Pascua. Varios párrocos de Paris se lamentan de que, hay menos comuniones que los años anteriores… No se ve más nadie aproximarse a comulgar en los primeros domingos del mes y en las ?estas, son muy pocos, y estos son religiosos motivados por los jesuitas… Vicente trabaja con grande facilidad y rapidez, presentando textos del Concilio de Trento. La carta termina con una exhortación de paz y moderación: que se respeten las prácticas de San Lázaro y que no se preocupar mucho con las opiniones nuevas.
El 17 de Agosto del mismo año, Vicente recibe una segunda carta del Sr. Dehorgny, que reprueba Vicente por no haber comprendido el libro del Sr. Arnauld.
Inmediatamente contesta la carta al Sr. Dehorgny, de esta vez, con una argumentación más precisa y sólida, con pruebas irrefutables de los textos y hechos presentados. Vicente no niega su preocupación con la liberalidad de la frecuente comunión sin criterios, y así, concuerda que, el libro de Arnauld puede hacer mucho bien, pero que no se puede dejar engañar, porque así como a algunas personas les ayudó a encontrar provecho, hay por los menos 10.000 que él las obscureció y las retiró completamente de la comunión. Vicente no acepta de modo alguno la manera como San Carlos Borromeo es interpretado para justi?car la nueva doctrina.
Es injusto que se mutile a San Carlos de haber ordenado la penitencia pública y el alejamiento de la comunión. Su orientación era de no permitirla a los pecadores escandalosos, en lo que San Vicente está totalmente de acuerdo y el Concilio de Trento también. Pero, San Carlos, lejos de oponerse a la frecuente comunión, no cesa de promoverla. Vicente conoce muy bien el pensamiento de San Carlos, así como el de los jansenistas. Lamenta que se compare las directriz de Port-Royal a las reglas de San Ignacio. Éste no alejaba de la comunión, interrumpía únicamente por ocho o diez días a los grandes pecadores, al paso que, el Sr. Arnauld, retira por cinco o seis meses a la buena religiosa que vive en una gran pureza.
El Sr. Arnauld es totalmente opuesto a la comunión, él alaba a los que se alejan de ella hasta el día de su muerte… que esas comuniones frecuentes no hacen otra cosa sino ultrajar y avergonzar a Nuestro Señor Jesucristo, al colocar tan terribles condiciones para aproximarse a la Eucaristía es moralmente imposible comulgar. A?rma Vicente: «Le con?eso con franqueza que, si hiciera del libro del Sr. Arnauld tanto caso como usted hace, no sólo renunciaría para siempre a la santa Misa y a la comunión por espíritu de humildad, sino que hasta le tendría horror de este sacramento, ya que él lo presenta, respecto a los que comulgan con las disposiciones ordinarias que aprueba la Iglesia, como una trampa de Satanás y como un veneno que emponzoña a las almas y trata de quienes se acercan a él en esa situación nada menos que de perros, de puercos y de anticristos».13
Podemos a?rmar que gracias a las inclinaciones jansenistas, claramente expresas por el Sr. Dehorgny, tenemos estas magní?cas cartas que nos muestran el sentimiento, el pensamiento íntimo de San Vicente sobre la apología de su tiempo. Ellas nos ayudan a tener un horizonte más amplio de comprensión sobre la Eucaristía. Gracias a estas cartas, conocemos mejor el pensamiento de Vicente de Paúl. Podemos sentir su independencia con relación a su medioyalas riñas de su ambiente, así como su ?rmeza y postura, con una lucidez de pensamiento, que nos permite a?rmar que, Vicente de Paúl posee una clara e excelente visión doctrinal de la Eucaristía.
4. La doctrina de Vicente de Paúl sobre la Eucaristía
Evidentemente, no podemos proyectar nuestro pensamiento actual sobre la Eucaristía, pretendiendo que Vicente de Paúl a?rme cosas que realmente no estaban presentes en su pensamiento. Vicente es in?uenciado por el pensamiento teológico de su tiempo, de modo especial por Bérulle y los reformadores, llevándolo a compartir con ellos una concepción poco noble de la ñaturaleza humana. Sin embargo, para contrabalancear su pesimismo de la ñaturaleza humana, un factor positivo fue en relación a el respeto temeroso, al alegre abandonoyala serena con?anza en la Divina Providencia. Su visión de Dios le viene de San Pablo, es un pensamiento lleno de grandeza, en que él se esfuerza para transmitir a sus hijos e hijas.
Así a?rma él: «Este conocimiento que tenemos de Dios está muy encima de todos nuestros conocimientos y de todo entendimiento creado, no nos debe bastar para hacerle apreciar in?nitamente, para anonadarnos en su presencia, y para hacernos hablar de su Majestad Suprema con un gran sentimiento de reverencia y sumisión».14 No olvidemos que al inicio de su misión, el señor Vicente no tenía sino una sola predicación, que adaptaba de mil maneras: «El temor de Dios».15
Vicente tiene evidentemente este horizonte de comprensión pesimista de la «pequeña naturaleza». Y esta concepción lo in?uenciará en su doctrina sobre la Eucaristía, qué obviamente no lo llevará al radicalismo de los jansenistas. Un rápido recorrido sobre las disposiciones requeridas para la Comunión en Vicente de Paúl, nos convencerá fácilmente. A pesar de las reglas estrictamente impuestas a las Hijas de la Caridad, él se esfuerza para moderarles el deseo de la comunión.
Así pues, que no se empeñe mucho, que no se preocupe el director para obtener de él un permiso de frecuencia. Esta insistencia, según Vicente, sería seguramente, oriunda del orgullo escondido, que envicia nuestras acciones. Se hay exitación en comulgar, a?rma Vicente, es mejor abstenerse. Su preocupación es la frecuencia de las comuniones indignas y sacrílegas. Esto si mani?esta constantemente en sus conferencias. Le viene a la mente bajo la ?gura de Judás, que se hacía hipócrita, seguía su Maestro pero al revés de conformarse a las palabras de Nuestro Señor, como hacían los Apóstoles, realizaba acciones inspiradas por Satanás. Según las palabras del P. Dodin, esta «preocupación» era casi una «obsesión» en Vicente de Paúl.
Para la comunión frecuente, el estado de gracia era rigurosamente exigido, más Vicente exige también una buena confesión, mejor dicho, la fecha de la fundación de la Congregación de la Misión, estipulada por el propio Vicente el 25 de Enero de 1617, brota de su predicación sobre la «importancia de la confesión general». Él ve en este puri?cación preliminar, como un excelente medio de bien comulgar, y así lo a?rma: «Ved, hijas mías, no basta, para comulgar muchas veces, no tener ningún afecto al pecado mortal, sino que además es preciso deshacerse de todo afecto desordenado, porque todo afecto desordenado es vicioso. Pues bien, amar ardientemente a una hermana y apegarse a ella, es un afecto desordenado; preferir estar en un lugar más que en otro, o en un cargo más que en otro, es un afecto desordenado, y hay que romper con él para hacerse digna de comulgar muchas veces».16 En suma, transformase en un espejo límpido que nos permite re?exionar con Dios, asemejarnos a Jesús e identi?carnos con Él.
Encima de todo, el deseo de Cristo eucarístico es para Vicente, como el anhelo sorprendente de lo divino unirse a las criaturas por medio de este sacramento misterioso que instituyo. Para corresponder a ese deseo de Jesús, la mejor respuesta será nutrir el alma del mismo deseo de unión, caminando al encuentro de las intenciones del propio Cristo. Al conformarnos en Cristo por nuestros sentimientos y nuestras oraciones, nosotros nos colocamos en las mejores disposiciones necesarias para comprenderlo y unirnos a él, nosotros damos, por así decir, el primer paso en dirección a Él.
Esas disposiciones preparatorias para la unión con Dios exigirán, una ascesis continua de morti?cación, desprendimiento, fuga de los impulso contrarios a las reglas. La Eucaristía no será para las Hijas de la Caridad, el sacramento de la unión con Dios, por el contrario, cuando ellas estén en la disposición de darse totalmente a Cristo en el momento de la comunión. Entonces, cuando Cristo penetra en el alma, Él consagra, por así decir, éste estado. Él se une íntimamente a la criatura y le da su paz.
Y a?rma Vicente: «Hijas mías, estad seguras de que una Hija de la Caridad que ha comulgado bien, hará bien todo lo demás. Su corazón es el tabernáculo de Dios; sí, el tabernáculo de Dios. La Hija de la Caridad que tiene que serlo siempre, tiene que estar siempre en Dios y Dios en ella, y de esta forma no hará nunca una cosa que no esté bien».
Continúa diciendo: «Si Elías, con su doble espíritu, hacía tanta maravillas, ¿qué no hará que no sea agradable a Dios en sí, que está plena de Dios? No hará ya ciertamente sus acciones, sino que hará las acciones de Jesucristo; tendrá en sus contradicciones la paciencia de Jesucristo; tendrá la obediencia de Jesucristo. En una palabra, hijas mías, todas sus acciones no serán ya acciones de una mera criatura, serán las acciones de Jesucristo».
Y concluye: «Hermanas mías, la Hija de la Caridad que ha comulgado bien no hará nada que no sea agradable a Dios; porque hará las acciones del mismo Dios. El Padre eterno ve a su Hijo en esa persona; ve todas las acciones de esa persona como acciones de su Hijo. ¡Qué gracias, hijas mías! Este segura de que Dios la ve, de que Dios la considera, de que Dios la ama! Así pues, cuando veáis a una Hija de la Caridad servir a los pobres con amor, con mansedumbre, con desvelo, podéis decir sin reparo alguno: ‘Esta hermana ha comulgado bien’ «.17
5. A manera de conclusión
Eucaristía, caridad y justicia social, a luz del pensamiento de San Vicente de Paúl, es posible, si nos situamos en la complejidad de su pensar y sentir al respeto del ser humano, de Jesucristo y de la Iglesia. Existe en el pensamiento de Vicente de Paúl una unidad profunda del amor al próximo y del amor a Dios. Él nos invita por palabras y acciones, a no ver las personas y los acontecimientos tal y como ellos se presentan, como la luz de la razón nos lo muestra. Es necesito ver las cosas como cosas de Dios, pues de otro modo, nosotros nos podríamos engañar y actuar de una manera que Él no quiere. Es preciso primeramente mirar a Dios, darse a Dios, para que Él nos utilice en la aventura de la Salvación del genero humano.
Vicente de Paúl ve el orden de las realidades concretas, de las mediaciones queridas por Dios. Según la veía ordinaria, Dios quiere salvar los hombres por los hombres y, Nuestro Señor se hizo hombre para salvar a todos. Somos nos hombres, por los hombres y con los hombres que es necesario buscar a Dios, su Reino, para unirnos a Dios por Jesucristo. La condición es que nos vaciemos de nosotros mismos para que Dios pueda llenarnos: «Tres hacen más que diez cuando Nuestro Señor echa una mano».18 Y aún: «Hay que pasar del amor afectivo al amor efectivo, que consiste en el ejercicio de obras de caridad, en el servicio a los pobres emprendido con alegría, con entusiasmo, con constancia y amor».19
Su pensamiento cristológico está asociado a Cristo en la Trinidad, pero un Cristo «donado» a su Padre y en eterno ofrecimiento a los hombres. Un Cristo en estado de misión, dulce y humilde. Un Cristo que se hace oblación a los hombres en el Misterio de la Encarnación. El Cristo de Vicente, es «modelo» a quien nosotros debemos asemejarnos, amar y servir, pues es un Cristo que se concretiza en los pobres.
Y así lo a?rma en la conferencia de 13 de diciembre de 1658: «Hay que revestirse del espíritu de Jesucristo. ¡Oh Salvador! ¡Oh Padre! ¡Que negocio tan importante éste de revestirse del espíritu de Jesucristo! Quiere esto decir que, para perfeccionarnos y atender útilmente a los pueblos, y para servir bien a los eclesiásticos, hemos de esforzarnos en imitar la perfección de Jesucristo y procurar llegar a ella. Esto signi?ca también que nosotros no podemos nada por nosotros mismos. Hemos de llenarnos y dejarnos animar de este espíritu de Jesucristo. Para entenderlo bien, hemos de saber que su espíritu está extendido por todos los cristianos que viven según las reglas del cristianismo; sus acciones y sus obras están penetradas del espíritu de Dios, de forma que Dios ha suscitado a la compañía, y lo veis muy bien, para hacer lo mismo».20
Su pensamiento al respecto de la Iglesia es claro: los pobres son los verdaderos hijos y predilectos de la Iglesia. Como latinoamericano, puedo a?rmar que, en la concepción de Vicente de Paúl, él se adelanta a los enseñamientos del Documento de Puebla, sobre la opción preferencial por los pobres. Es necesario ir al encuentro de los que son preferidos del rey de los pobres. El objetivo de la misión del Hijo de Dios: «Evangelizare pauperibus misit me» (Lc. IV, 18). Es para ellos que Jesucristo vino, Él mismo pobre y salvador de los pobres.
En la concepción de San Vicente, la vocación del misionero es la más bella. Según su visión, es feliz el misionero que se ve como ministro de los pobres. Esto lo obliga no solamente a asistirlos cuando ellos se presentan, y si, adelantarse a ellos, como un servidor que debe anticiparse a su Maestro. Y así lo a?rma: «No puede haber caridad si no va acompañada de justicia».21
Podemos traer a nuestro tiempo este pensamiento de Vicente de Paúl y aplicarlo perfectamente a la enseñanza actual del Magisterio de la Iglesia sobre la Eucaristía. La Constitución pastoral Sacrosanctum Concilium, al iniciar el capítulo II sobre «El Sacrosanto Misterio de la Eucaristía», N. 47 a?rma: «Nuestro Señor, en la última Cena, la noche en que le traicionaban, instituyó el Sacri?cio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacri?cio de la Cruz y con?ar a su Esposa, la Iglesia, el vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo el alma se llena de gracia y nos da una prenda de la gloria venidera».
La expresión vínculo de la caridad, usada por el Concilio Vaticano II, nos presenta la Eucaristía, como el sacramento soporte de la esencia de la vida cristiana, que es el amor. El amor entrega total, el amor que es la esencia misma de Dios: «Dios caritas est». Este Amor-Caridad, que el Apóstol apunta como el más alto de los dones (I Cor. 13). Este amor cristiano que es portador de dos realidades indisolubles: a) es la fuente y origen de la comunión fraterna entre los que participan de un mismo pan, creando a «koinonia», la partición de los bienes, la solidaridad de «un solo corazón y una solo alma», b) Este amor-koinonia, despierta en el cristiano el compromiso de vida cristiana, de manera muy especial por el servicio, pero un servicio preferencial a los pobres, el cuidado para con los que son víctimas de las injusticias y de los sistemas políticos injustos y perversos. A esta lucha la llamamos justicia social.
Veamos las palabras de Su Santidad Juan Pablo II, en su última encíclica Ecclesia de Eucaristía: «Muchos son los problemas que obscurecen el horizonte de nuestro tiempo. Basta pensar cuán urgente es trabajar por la paz, colocar premisas sólidas sobre justicia y solidaridad entre los pueblos, defender la vida humana desde la concepción hasta su término natural. Y también que decir de las mil contradicciones del mundo globalizado, donde parece que los más débiles, los más pequeños y los más pobres poco pueden esperar? Es en este mundo que tiene que brillar la esperanza cristiana! Fue para esto que el Señor quiso dejar entre nosotros la Eucaristía, insertando en su presencia de sacri?cio y de alimento la promesa de una humanidad renovada por su amor».22
Salvaguardando las distancias de los siglos que nos separan de Vicente de Paúl, a la luz del Magisterio y de la teología de nuestros días, que nos presentan la caridad y la justicia social emanadas del sacramento de la Eucaristía, no podemos tener dudas en a?rmar, que en el horizonte de su comprensión doctrinal y del más profundo corazón de nuestro Padre y fundador, la Eucaristía es la fuente inagotable de la verdadera caridad y de la justicia social, pues así a?rma: «Una Hija de la Caridad que comulga bien hace todo lo restante bien. Su corazón es un tabernáculo de Dios, si, el tabernáculo de Dios. La Hija de la Caridad debe siempre serlo, ella debe estar siempre en Dios y Dios en ella, y de esta manera ella no hará jamás nada sino el bien».23
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